Lidia Yanquelevech |
Crítica leída de la obra por Julio Sapollnik LIDIA YANQUELEVECH En silenciosa y sutil intimidad, Lidia Yanquelevech recorre de manera cotidiana galerías, museos, conciertos y otras manifestaciones culturales; con máxima agudeza celebra producciones ajenas que le permiten reflexionar y enriquecer su visión del mundo y, en diálogo con la memoria de esos innumerables encuentros, crea una particular poética en la que, a modo de sinfonía, se unen diferentes elementos. Su inicio temprano en el arte fue el piano: aunque con el tiempo el grabado y la pintura se convertirían en su “verdadera vocación”, su sonido no ha perdido el ritmo en sus obras. En ellas los elementos formales básicos —como el uso del claroscuro, las texturas y la armonía de los colores— se transforman en una nueva posibilidad expresiva. En la serie Geometría, el tiempo, el espacio y la naturaleza son elementos inabarcables que, a través de un juego de singulares pautas creadas, se vuelven comprensibles: estabilidad de lo inestable; cuerpo de lo incorpóreo y acuerdo de lo disonante. Luego, en su serie Mística, Yanquelevech crea un Universo paralelo; marca el Rumbo a lo infinito y se abandona a la vivencia de un paraíso festivo de colores cálidos, cuya armonía se muda, en orgánicas líneas, a la serie Música. En Lira angelical, por ejemplo, el estilo de la “sonoridad” de su Jazz parece descansar en la calma y tranquilidad de los azules violáceos que asumen una forma que recuerda al instrumento que hubo de acompañar a David como símbolo de unión con la divinidad. Pero no toda manifestación artística que se dirige a la búsqueda de un universo perfecto parece feliz. En la serie Ciudad, este universo se torna problemático, puesto que, en el intento de esa búsqueda, enmarcada en la Utopía moderna, el proyecto ha fracasado. Volúmenes geométricos se alzan de manera impetuosa y deconstructiva, borrando todo vestigio de un habitar en el que las relaciones humanas no visualizaban, aún, el germen de la fragmentación y de la autodestrucción. En las nuevas ciudades los colores se agrisan y los valores acentúan los opuestos; los residuos de inútiles prácticas se derraman en el espacio abierto y el desequilibrio se torna amenazante. Así, las obras que Yanquelevech presenta en esta ocasión muestran la posibilidad del encuentro con el disfrute artístico, pero también con la necesidad de pensar en el cuidado del medio ambiente, como hogar de nuestro cuerpo, y en la trascendencia del ser. Julio Sapollnik
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