B e a t r í z   M á t a r

" L a   F u r i a "

 

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A continuación, puede ver algunos parrafos del libro de Beatriz Mátar titulado "La Furia".

 

XIV 

A  Sabrina Deitel


Ellas. Vestidos estampados con margaritas. Peinados pulcros.
Crucifican reputaciones moviendo sus lenguas de hiel mientras sacuden la
bolsa de las compras
Atraviesan las puertas.
Hurgan en los secretos escondidos en las mesas de luz.
Se parapetan en los cabezales de las camas ajenas.
Se proclaman soberanas y amantes de porteros, electricistas, albañiles,
plomeros...
En el crepúsculo se persignan. Se pasean como perros de presa.
Cocinan inclinadas sobre cacerolas y calderos sus guisos impregnados de
aburrimiento.
Cada podrido día se estremece con su terremoto de calumnias.
Vuelan con sus enceradoras sobre las terrazas hirvientes.
Ellas. Las modernas Erinias.


XV 

Ese patio con el paisaje torpemente pintado suda sopa de lentejas.
Que asco la tortuga en el cantero asomando su cabeza de medusa.
El esquelético árbol de estrellas federales que al cortarlas manan semen por
el cabo.
El vapor del incienso flota de la capilla a mi nariz.
Veo a las monjas cruzando los pasillos.
Arrastran sus cuerpos envueltos en trapos negros.
Esconden la cera hirviente de su carne. 
Soy yo la del rincón. Con el jumper azul tableado a media pierna.
La blusa de cuello redondo. La chica de las trenzas.
Purgando mi arrogancia presa de los castigos.
Detrás de mis maldades ingenuas se gestan  sueños.
Mosca molesta que encerrada golpéa la aparente fragilidad del vidrio.
-¡Fue Mátar. La salvaje¡-. Así me definía Sor Trinidad portera.
-¡Salvaje¡- Repetía la hermana celadora a falta de agravios propios.
Soy el Arcángel Gabriel con alas de cartón en los días festivos.
Un dudoso San Juan en el cuadro vivo de la última cena.
Sin aura de oro ni santidad recito los pasajes de la Biblia.
Soy el heraldo del mal y la pastora. Mártir. Aurora boreal. Una gitana. La
misma. Otras. Innumerables otras.
Trepada en la tarima, lectora de los textos sagrados en el almuerzo.
Desafino en el órgano Aves Marías en las misas solemnes.
Fabuladora. Inquieta. Creadora de juegos, todos pecaminosos.
Hereje masticando libros prohibidos.
Escribiendo poemas en los zócalos.
Negándome a bordar punto vainilla.
Monstruo de ojos rasgados. Criatura de boca  licenciosa.
Pómulos altos y cabello fino. Heredera genética de húsares.
La que  no baja nunca la mirada. La que antes de rendirse
se suicida. Esa que fui. Y que está.
Soy un volcán que finge una extinción definitiva.
Vuelvo desde la egrégora sombría del convento.
Que sigo castigada. En el rincón.
Dando la espalda a todo. Mordiéndome a sí misma.
En ese mismo patio con el paisaje torpemente pintado...